Mi perspectiva de mi experiencia en Middlebury después de tres semanas quizás es única ya que hace treinta y tres años que fui un estudiante y más de cuarenta años que estudié español. También, creo que soy el más viejo de los estudiantes en el programa, y para mi, más que los otros, la vida cotidiana en una residencia académica y el horario del estudiante son grandes cambios. Para los treinta y tres años pasados, trabajé y viajé mucho como abogado con un horario lleno de problemas de clientes, y soñaba a menudo con tener el lujo de dejar los problemas y las responsabilidades del trabajo, familia, y del mundo real para centrarme sin interrupción en un sujeto académico pero útil también como aprender español.
Entonces, mis días a Middlebury son, en efecto, un caballo regalado, y no miro este caballo en el diente. Para mí, Middlebury es como un monasterio, y la “palabra de honor, ” como el voto de silencio del monje, es más que una télon de fondo del programa aquí. Forma el muro metafórico que proyecta la vida aquí del mundo exterior. Lo que me gusta y no me gusta aquí no es importante y, en todo caso, es tanto un reflejo de la vida académica en general como un reflejo de Middlebury en si mismo.
Hay muchas cosas que me gustan aquí. Primero, los estudiantes en general están aquí solamente por una razón. Quieren aprender español. Su asitencia no está obligatoria, y la mayoría de estudiantes quieren aprender español por la alegría de aprender. En muchos casos, las notas no tienen importancia. Por eso, es una experiencia académica sin las distracciones que normalmente acompañan el año académico.
Segundo, la palabra del honor, aunque necesaria para el ambiente académico, es también una diversión agradable por los estudiantes. Les gusta hablar español y oír a otros estudiantes hablando en otras lenguas extranjeras. En mi opinión, es mejor estudiar aquí que en un país hispanohablante porque no puede escaparse. En efecto, es una cárcel genial, pero sin llaves y con prisioneros voluntarios, donde no entran las influencias del mundo exterior para siete semanas. Por todo eso,no se queja nadie.
En mi cursos me gusta más el trabajo que centrar en hablar y escribir español. Estoy en Middlebury solamente por eso, y cada noche cuando plancho la oreja en mi cama espero que haya tomado un paso más en la caminata larga hacia la fluidez en español.
Por eso, me gusta la tarea de gramática, los ejercicios de escribir, y leer las cuentas o los artículos de la historia y cultura de países hispanohablantes, e.g., los artículos sobre la Santería, las revoluciones de Cuba y México, etc. En cambio, no me gusta mucho preparar folletos u otros ejercicios con la computadora o en parejas que necista tiempo pero no avanzan mucho mi facilidad con español. Prefiero leer más articulos interesantes y escuchar más de los profesores, que tienen experiencias directas en sus propias vidas y sus países y culturas que me interesan. Aquí, prefiero centrar en lo que no pueda haceren mi finca en Kentucky donde leo mucho.
Por final,me encanta esta experiencia, y no
cambiaría nada si fuera el jefe del programa. Cuando mi esposa me preguntó ayer si estoy aprendiendo mucho, contesté “a ver si,” pero la verdad es que ya he aprendido mucho en tres semanas.Algún día, espero usar lo que habré aprendido aquí y vivir de vez en cuando en algún lado de mundo hispanohablante.
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