En 1970 y 1971 después de mi graduación de la universidad, decidí viajar alrededor del mundo con un amigo y a veces solo también. No tuvimos mucho dinero, pero no necesitamos más a este punto de nuestras vidas.
En la primavera de 1971,fue solo en Laos. Un día en la tarde cuando la humedad estuvo tan alta y miserable como la temperatura, crucé el rio Mekong, que forma la frontera de Laos y Tailandia. Cuando llegué al lado de Tailandia, me subí muchas escaleras del rio hasta un pueblo cercano a la encima de una colina. Era una subida larga, y mi mochila era pesada. Cuando llegué al pueblo, estuve cansado, sudado, y impaciente. No tenía ninguno sentido de humor, y no estaba el horno para bollos.
Pero la gente en el pueblo no compartió mis sentimientos. Cuando me quité la mochila, vi a dos jóvenes acercandome. Llevaron dos baldes grandes de agua. Se pararon directamente enfrente de mí. Sin decir ninguna palabra, echaron con fuerza el agua en los dos baldes en mi cara, mis ropas, y mi mochila. Fue mucha agua. Después, se rieron mucho. Qué pasa, pensé. Creí que tuvieron mucha cara.
Aunque tenía un poco de miedo porque era un yankee solo y la guerra de Vietnam continuaba a este momento en un país vecino (y en Laos), estaba muy enfadado también. Creí que los jóvenes eran mala gente y groseros, y yo quise pelear con ellos.
Afortunadamente, a este punto me di cuenta de que toda la gente en el pueblo se echaron agua en sus propias caras y ropas. No era el solo hombre mojado. Pregunté porque todo el mundo en este pueblo pareció que han perdido sus cabezas. Se me dijeron que en este día cada año hay una celebración budista, y hay una costumbre de echar aqua en las estatuas de Buda para refrescar a Buda. Entonces, la gente se echan agua a los otros tambien.
En conclusión, es verdad que a menudo las aparencias me engañan, particularmente en culturas diferentes que lo mia. La verdad es que participaba en un día de celebración y felicidad con gente agradable, y por eso no fue un día para pelear. Me sentí un poco como El Feo Americano del libro del autor inglés, Graham Greene.
al leer tu texto sentíq era creación pero, no es la realidad q genial la experiencia... buenísima
Que historia más graciosa. Ese tipo de cosas pasan mucho cuando uno viaja, a veces ocurre algo inesperado que te sorprende o incluso te sienta un poco mal y de pronto te das cuenta que en realidad ha sido una experiencia positiva que has compartido con otra gente.
Me gusta tu bitácora.
Saludos,
Lena