Era una tarde en el verano, y el embotellamiento en la autopista a Miami interestatal continuaba por millas sin interrupción. Hacía mucho calor, pero el aire acondicionado en el coche mejoraba la situación un poco.
El pasajero en el asiento de detrás era impaciente e inquieto porque su vuelo a Londres saldría en dos horas. Estaba seguro de que perdería su vuelo, y no querría pasar la noche en el aeropuerto de Miami.
--Qué día para estar aparcado en la autopista. Qué lío. Qué viaje terrible -- El pasajero se quejó fuerte, mirando fijamente al tráfico delante.
--He visto viajes y situaciones muchas más peor, Señor -- El chofer contestó con una sonrisa, tamborileando sus dedos en el volante. --Mucho más --
--¿Cuándo y donde? –dijo el pasajero, prestando atención al acento latino del chofer.
--Soy cubano, y hace quince años que llegué en los Estados Unidos en 1980 con otros marielitos. El viaje de Cuba a través del estrecho de Florida en un barco pequeño fue una pesadilla horrible con gente enferma, una tormenta, y sin comida o agua por veinte horas. Prefiero estar en este coche con aire condicionado y la música del radio. En comparación, este embotellamiento no parece tan importante, aunque lo siento que sea una molestia para usted.
--¿Y donde aprendió a hablar inglés tan bien? – le preguntó el pasajero al chofer con interés, olvidando el embotellamiento por el momento.
--Hay muchas oportunidades en Miami para aprender inglés puesto que ahora hay millones de latinoamericanos en Miami. Aprendí inglés en un programa de la iglesia católica, y también conocí en este programa a una mujer Colombiana con quien me casé hace doce años.
--¿Y a quien es este coche? – El pasajero, un hombre de negocios, empezaba a centrar en la manera en que el chofer ha ganado su vida siguiente su llegada.
--Es mió—contestó el chofer, muy orgulloso de su éxito en Florida --.Tengo este coche y tres limusinas. Mi esposa y yo somos los dueños de un servicio de limusinas hace ocho años, y ahora empleamos tres chóferes para ayudarnos con nuestros clientes. Es un buen negocio, y disfrutamos de nuestra vida aquí. Esperamos que podamos comprar dos coches más en año proximo.
-- El pasajero, que vivía en Nueva York, pensó en su propia vida, y se dio cuenta de que estaba mimado. Mientras que se había quejado sobre la posibilidad de perder su vuelto a Londres, el chofer disfrutaba eldía porque ha corrido el riesgo de dejar todo en Cuba por lo desconocido en Florida, y ha alcanzado sus sueños aquí.